Lunes 11 de Noviembre de 2019
  

C Observatorio

La Guerra de los Mundos


Observatorio
#TerrorismoMediático

Por Mario Martini

Uno de los factores esenciales del terrorismo es el temor cierto o falso que inflige a una población inerme. Parece una obviedad o galimatías, pero cobra sentido cuando revisamos la vulnerabilidad histórica de sociedades pacíficas ante hechos de violencia extrema.

No hay una definición única de terrorismo. El Diccionario de la Real Academia se aventura:
1. m. Dominación por el terror.
2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.
3. m. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos, (económicos, religiosos o delictivos, agregaría yo).

Para que el terrorismo prospere basta que alguien anuncie el peligro de una gran explosión para que otro prenda la flama. Como toda buena mentira, un acto terrorista parte de trozos de verdad y sigue con la confusión que genera la inmediatez y secuencia de acontecimientos que impide analizar o digerir lo que está sucediendo: hechos aislados, imágenes manipuladas, versiones exageradas del suceso y ausencia de información oficial corren en secuencia, una tras otra, en segundos, como hacen los extorsionadores telefónicos que no dejan pensar a sus víctimas dándoles órdenes, amenazándolas y obligándolas finalmente a rendirse.

Bajo este enfoque, los hechos violentos ocurridos en Culiacán el pasado 17 de octubre tuvieron muchos ingredientes del terrorismo que encontró en las redes sociales la gasolina que provocó el vertiginoso incendio que atrajo la atención de todo el mundo (literalmente).

No fueron solamente los balazos que se escuchaban sostenidamente por varios rumbos de la ciudad ni los camiones que ardían a plena luz del día en avenidas principales, según reportes confirmados de compañeros periodistas que regresaban a sus casas a las 3 de la tarde. Estos sucesos ciertos fueron el núcleo del conflicto, pero no los esenciales para construir la narrativa del terror que sobrevendría en las horas siguientes.

Aun desarticulados para asociarlos a una estrategia común, las ondas expansivas de estos hechos aislados tuvieron vientos favorables en el despliegue mediático que los mismos delincuentes -muchos de ellos nativos digitales- hicieron sistemáticamente a través de redes sociales que incluso fueron fuente de información de algunos medios profesionales que daban traspiés informativos por “ganar la noticia” sin detenerse a tener la elemental confirmación de los hechos. Decenas de videos, fotos y audios mostraban en vertiginosa secuencia a una ciudad en llamas, acechada por “una fuerza superior” y ya en la oscuridad de la noche, finalmente sometida por el legendario Cartel de Sinaloa. Nadie sabía lo que pasaba en esas primeras horas trágicas, pues las fuerzas armadas solamente circularon el video -grabado por algún vecino o delincuente- de un convoy formado por varios vehículos militares y policiales federales que se desplegaban en una zona residencial supuestamente en el Desarrollo Tres Ríos. No volvieron a verse acciones militares en Internet ni en otros medios y ningún jefe militar o policial salió a informar mientras que los sicarios se daban vuelo subiendo imágenes de alto impacto.

En redes aparecía con sistemática reiteración la presencia de un camión de redilas Ford blanco artillado con lo que parece ser un fusil Barret M82 calibre .50 con alcance de 2 kilómetros, al que los sicarios mencionaban en sus comunicaciones como “la 50”; algunos mensajes hablaban de lanzagranadas y una compañera reportera identificó explosiones de lo que parecían ser bazucas. Simultáneamente circularon grabaciones de supuestas conversaciones entre líderes criminales y comandantes militares a cargo de la operación: “vienen bajando de la sierra 100 camionetas y vamos a arremangar a todos los guachitos y a sus familias, ¿cómo quieres el baile?”. Luego supimos que hubo agresiones a la desprotegida unidad habitacional de la Novena Zona Militar, al parecer sin propósito de buscar un enfrentamiento sino para dar forma al terrorismo mediático que prosperaba minuto a minuto en redes sociales: “vamos a arremangar con todos los guachitos y sus familias…”. Algunos ciudadanos hicieron su parte: captaron el terror de conductores que abandonaban sus autos en marcha, corrían con sus hijos en brazos o buscaban refugio a ras de piso entre los estantes de centros comerciales. El terror había sido sembrado y los cibernautas harían su parte, multiplicando informes ciertos o falsos a velocidad de ráfaga.

Aunque llegaron a Paralelo 23 fotos casi en tiempo real, hasta 24 horas después pudimos confirmar que hubo algunas refriegas en varios puntos de la ciudad con un número indeterminado de muertos –los prescindibles- que al parecer fueron levantados por sus compinches para no dejar rastros de las escaramuzas en que fueron repelidos. Otros quedaron regados a la vera del camino y los recogieron las autoridades al día siguiente. El domingo 20 de octubre, la Secretaria de Seguridad Pública del estado rindió un informe de armamento decomisado que seguramente quedó abandonado en el teatro de las escaramuzas, pues no informa sobre detenidos.

A unas cuantas horas de iniciado el drama, fueron esparcidas varias versiones sobre capos detenidos, muertos, decenas de heridos, fuga de reos peligrosos, soldados secuestrados, la ciudad sometida. El gobierno en todos sus niveles dejó durante por lo menos 5 horas todo el espacio informativo a los delincuentes que lo aprovecharon para su causa y cuando finalmente salió a medios lo hizo de manera tan confusa que contribuyó a generar más conjeturas, interpretaciones y disputa por la verdad absoluta hasta llegar a la desbocada especulación de un complot contra la cuarta transformación. Quedó en evidencia que el Gabinete de Seguridad tuvo la misma información que cualquier cibernauta.

Setenta y dos horas después no hubo informes certeros “sobre la fuerza superior”. ¿Cuántos la integraban, qué armas portaban, cuántos vehículos participaron, a qué hora ocurrió la rendición de las fuerzas armadas y la liberación del Chapito Guzmán López? ¿La “fuerza superior” era equivalente a un par de pelotones o a una compañía completa?

¿Cuál es el nombre y cargo de quién planeó, coordinó y ejecutó el fallido operativo? ¿Realmente fueron 35 elementos militares y de la Guardia Nacional los que integraban la fuerza de captura? ¿Qué vehículos y armas llevaban? ¿Existe orden provisional de detención con fines de extradición? ¿Llevaban o no las órdenes de cateo y aprehensión indispensables? ¿Fue por petición del gobierno estadounidense? ¿A qué hora y quién tomó la decisión de liberar a Ovidio Guzmán López y cuál era la situación en que las fuerzas federales estaban en ese momento? ¿Cuáles fueron los daños a la Novena Zona Militar? ¿Dónde estaban los 3 mil 500 soldados del Sauz? ¿Cuántos efectivos de la Guardia Nacional, soldados y policías militares estaban apostados en Culiacán? ¿Cuántos muertos y armas decomisadas hubo? ¿Cuáles son las responsabilidades de cada nivel de gobierno? ¿Quiénes son los reos fugados? ¿…?

Al revisar la gran cantidad de información generada el jueves trágico, encuentro algunos elementos de aquella memorable novela de H.G. Wells de 1898 “La Guerra de los Mundos” que tuvo su tarde de gloria en el programa radiofónico de ciencia ficción del entonces joven Orson Wells que transmitió con ambientación insuperable la invasión extraterrestre que causó pánico real a los habitantes de Nueva York.
El episodio -ocurrido hace 81 años- fue famoso por demostrar el poder de los medios de comunicación cuando la radio era ya el instrumento de la comunicación masiva en 1938. Hoy estamos frente a un monstruo indomeñable conocido como el Quinto Poder que en segundos puede prender la mecha de un hecho cierto o falso para incendiar o someter a una ciudad por el terror.
En materia de comunicación, los delincuentes sacaron la mejor parte. Ya veremos con el tiempo la dimensión de las consecuencias políticas, económicas y sociales de este acontecimiento verdaderamente lamentable que necesita muchas explicaciones y respuestas.P
Saludos cordiales
MM