Miércoles 24 de Julio de 2019
  

C A confesion de parte

La intranscendencia del morir


“De todas las teorías propuestas sobre el cáncer…, una sóla ha sobrevivido al paso del tiempo, y es que el cáncer, pasando por etapas bien definidas, lleva a la muerte”.

La enfermedad y sus metáforas

Susan Sontang


Para César, que se encuentra en un viaje sin retorno.


 Por Vicente Hernández Delgado


Como millones de individuos, cada que muere un niño, un adulto, un joven, hombre o mujer de cualquier enfermedad, lo primero que queda en sus deudos es la convicción del equilibrio tan frágil que existe entre la vida y la muerte. Esta conclusión surge después de haber puesto en los médicos, medicamentos, tratamientos, estudios, procedimientos que nos permiten mantener la esperanza de que al menos esta vez, la enfermedad podrá ser derrotada.

Una muerte llega y no siempre se anuncia, ello se debe a que nadie la desea, por muchas razones: porque nos hemos acostumbrado a la vida terrenal, porque nos va bien en la vida porque muchas veces no tan bien y aun así le encontramos sentido, porque tenemos múltiples proyectos, porque hemos encontrado quien nos haga sentir amados y valorados, y es que sonmúltiples las razones para seguir viviendo, también llega porque no hemos cuidado nuestro estilo de vida, por razones genéticas, por accidente, por deseos reprimidos, por estrés crónico, por tantas razones…

Creo firmemente que el dilema entre la vida y la muerte entre ciertas  enfermedades y su cura, tendrá en corto tiempo una solución trascendente, sino en su totalidad, si de manera significativa. Primero,desde luego, habrán de resolverse varios temas: humanizar las teorías económicas, que no garantizan las mismas oportunidades para los individuos para acceder aniveles laborales, educación, vivienda y de salud y que consideran a losancianos y demás sujetos no productivos por causas naturales y socio económicas como desechos. Me refiero, claro está, a la revisión del modelo de la economíaglobal.

Otro factor está en el campo de la bioética y surelación con la ciencia, me refiero a la manipulación del genoma humano comoposibilidad real de detectar de manera temprana enfermedades genéticas y utilizar métodos terapéuticos para prevenirlas y/o curarlas, lo anteriorrepercutirá en adecuar la legislación en derecho familiar, de seguros, decontratos, por lo menos. Al respecto las investigaciones van muy avanzadas en este tema, donde ya están involucrados los intereses de las farmacéuticas. Otro factor deberá ser la humanización de la política y los políticos  quienes con sus decisiones están estimulando la destrucción de los ecosistemas, de la flora y fauna, con sus leyes, con sus intereses más privados que públicos, consu falta de consciencia, con su sordera y necedad.

Considero que un planeta enfermo lo es a partir dela destrucción de sus ecosistemas, de la calidad del nivel de vida en losindividuos y de la existencia de millones de individuos de todas las edades,muchos de ellos niños y  jóvenes con enfermedades graves y crónico degenerativas, desde luego, estás son reflexiones que requieren una atención más específica enel presente.

Todo esto viene a propósito  de mi experiencia familiar, lo que hace de éste escrito la colaboración más personal que haya publicado hasta ahora: cuando en abril del año pasado los médicos diagnosticaron a César, mi hijo, un cáncer de colón que requirió ocho sesiones de quimioterapia tomada e inyectada y dos operaciones en abril y diciembre de ese año. La perspectiva en torno a la vida y la muerte cambió y los peores pronósticos estaban por venir. En enero de este año, fuertes dolores localizados en la región lumbar y en dos vértebras de la parte intermedia de la columna evidenciaron que el cáncer se había extendido y que ahora requería sesiones de radioterapia.

 Para entonces, todo se había complicado; a los  fuertes dolores habría que agregar  su dificultad para moverse por si mismo. El golpe duro llegó  a mediados de febrero del año en curso cuando los médicos diagnosticaron a César, que como consecuencia de la metástasis no podría volver a caminar, entonces las alarmas se encendieron fuerte, mientras mi hijo padecía estoicamente el avance de su enfermedad, yo, por mi parte sentí un miedo como nunca lo había tenido, una desesperación asfixiante, una impotencia causada por la incertidumbre en su futuro, sabedor que en ese momento estaba por titularse de su primer curso de maestría, que había montado un despacho en sociedad con unos amigos, y que por fin, había encontrado la mujer con la que se sentía feliz y que sus hijas lo esperaban en casa para volver a salir los fines de semana e ir al cine, a la escuela, a retomar la vida cotidiana.

Melina, mi nuera, había logrado darle una relación tranquila y estimulante, la misma que le permitió madurar y proyectar un futuro que incluía a los hijos de ambos, atrás quedaban los recuerdos de una relación y un divorcio tormentoso, sin embargo, continuaba la inestabilidad laboral en el lugar donde había trabajado los últimos once años. La  enfermedad por su parte, parecía que cedía y se  agravaba, las secuelas de las sesiones de radioterapia exigían reposo, tomar medicamentos diversos, dieta especial, padecer fiebre, pérdida de peso… el deterioro era gradual, inminente.

Cuando el entorno cercano se te va de las manos,volteas alrededor y buscas ayuda, yo puedo afirmar que la encontré en mi familia, mis amigos, y en los que mi hijo tenía, así pude comprobar el valor de la  amistad, de la solidaridad y de la compasión de parte de personas inesperadas y desconocidas. Todo ello modificó mi percepción de las cosas, de los  malos entendidos, odios y antipatías añejas, de los  desacuerdos por causas distintas y en ocasiones irrelevantes.

Frente a mí se abrían nuevas percepciones y agradecimientos ante cada gesto, ante cada acción desinteresada, la tragedia había servido para valorar mejor la conducta humana, y es que cuando una persona padece una enfermedad de este tipo, la vida, las  circunstancias y la muerte parecen a veces jugar con el destino de los seres humanos; cómotantos otros que padecen un  cáncer invasivo, César se había acostumbradoal dolor en su doble vertiente: al de carácter físico que implica  tomar fármacos cada vez más fuertes para sobrellevarlo y a escuchar que su enfermedad era grave y en su etapa final, que ya no había remedio. Todo ello puso a prueba su entereza y decisión de derrotar su infortunio.

Le ví palidecer, entristecerse, recuperarse y decaer, también hacer planes, mantener la esperanza, desesperar...y llorar de impotencia por las noches, cuando nadie le veía. De ser un tipo fuerte y tranquilo, acostumbrado a no expresar sus emociones con frecuencia, de buen apetito y gusto por la vida, le vi en su declive gradualmente: muy delgado, inapetente, con una úlcera espantosa en la zona del decúbito a causa de su inmovilidad, dolores fuertes en su cuerpo lacerado, junto a una desesperantepérdida de su capacidad de respirar y hablar. Así es el cáncer, una enfermedadcuyo signo es el dolor y el declive de la  persona.

Al igual que Susan Sontang, quién padeció de cáncer y escribió acerca de él, no tengo manera de demostrar  sobre ciertas causas que a mi parecer, crearon en César ese cáncer mortal, admito la genética familiar pero siempre he creído que los factores más influyentes en su tragedia personal y en la de quienes le amamos, fueron sus deseos reprimidos,su estrés crónico  y su tristeza habitual. Con esta hipótesis no estoy culpando a nadie de su muerte, pues en la capacidad de cada uno de nosotros está la posibilidad de liberar esas emociones contenidas y en la ayuda que podamos brindarles a tiempo, en todo caso, parte de esta última responsabilidad corresponde  a los familiares y al cuerpo médico en general.