Sábado 17 de Noviembre de 2018
  

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Tener una hija desaparecida es vivir un infierno

Tener una hija desaparecida es vivir un infierno

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  • María Josefina de León tiene más de seis años buscando a Cinthya Mabel.

Por Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico.  Cd. de México. 1 de octubre de 2018.- Tú sabes que a tu hija la mataron, sabes dónde está tú hija, que puedes ir con ella a la hora que quieras…pero que tu hija no vuelva es vivir un infierno desde que te levantas hasta que te duermes.Me dice con tristeza.

Es María Josefina de León de la Red de Desaparecidos en Tamaulipas. Hace seis años siete meses Cinthya Mabel Pantoja de León, su hija, no volvió a casa. Aquel 22 de abril de 2012 la vida le cambió. Pronto decidió dejar todo e iniciar la búsqueda a la que las autoridades se habían negado.

Cinthya Mabel trabajaba en la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas, tenía 25 años y recién había concluido su carrera en Criminalística por la Universidad Autónoma de Tamaulipas, cursaba una segunda carrera: licenciatura en Derecho.

Es un infierno, un infierno con el que te levantas y un infierno con el que te duermes, me repite.

Cinthya Mabel Pantoja de León de 25 años se trasladaba de Ciudad Victoria a Barretal, “esa es una hipótesis”, aclara, y señala que es lo único que tiene desde hace seis años y siete meses.

María Josefina de León refleja fortaleza, pero dice que no es eso sino carencia de prudencia con lo que camina buscando a Cinthya Mabel.

Su hija mayor no volvió a casa aquel domingo. Desde el primer momento supo que algo le había pasado porque Cinthya Mabel y ella tenían la costumbre de comer y de cenar juntas, aunque vivían en domicilios diferentes.

El lunes 23 de abril acudió a la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas pidió que salieran a buscarla, les dije que salieran conmigo que me acompañaran, no hubo respuesta,  “me dieron tantas vueltas y tan mala espina que decidí buscarla yo misma”. Volvió de nueva cuenta a la Procuraduría al día siguiente, pero la respuesta fue la misma.

En realidad, dice más adelante, salieron a buscarla un año y siete meses después.

¿Tú crees que yo me iba a esperar un año siete meses? No, salí casi de inmediato. Claro que frente a la omisión puso una queja ante Derechos Humanos, pero tampoco ha funcionado, “de nada sirven las recomendaciones, de nada sirve que te quejes, de nada sirve nada”.

Empezó a buscar en tientitas cercanas, se metió a los ejidos, preguntó y preguntó, dice que se fue enseñando, nadie está preparada para buscar una hija, nadie. Aprendió a jugar de otra manera, incluso, con la delincuencia organizada.

La serenidad no la pierde, alguna vez durante la conversación sus ojos se llenan de lágrimas que luego desaparecen. 

“Busco a mi hija, algo que me dé luz para encontrarla, cualquier cosa, cualquier detalle, el vehículo en el que viajaba, algo que haya dejado olvidado, una prenda de ella…hasta hoy ha encontrado muchas cosas, pero nada sobre Cinthya Mabel. 

Esa frase y su realidad la descomponen por unos segundos.

Al paso de los meses, viajó a la Ciudad de México, acudió a la SIEDO (Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada) pero sucedió lo mismo que en la Procuraduría de Tamaulipas: no le hicieron caso. Entonces acudió a la Policía Federal, volvió de la Ciudad de México a Tamaulipas con un equipo para seguir buscando, incluso, perros. Aprendió a buscar y a ellos les agradece su ayuda.

Así ha “peinado” –explica- los terrenos desde Victoria a Nuevo Laredo y hasta muy cerca de Veracruz, de manera especial el centro. Pero hay quien dice que está aquí en Victoria.

A su paso, ha encontrado varias fosas, una sola osamenta completa, el resto son osamentas incompletas, muy pocos cuerpos con carne, otros huesos calcinados, pedazos de huesos nada más, restos de campamentos, muchos vehículos, y cocinas donde habrían desaparecido cuerpos, dice seria, mientras a mí me atraviesa el frío de sus palabras.

El más cercano de esos campamentos ubicado a poco más de 30 kilómetros, muy cerca de Victoria, pero lo que ella vio no fue visto por las autoridades antes. Lo que pasa es que no buscaron, revela más tarde.

María Josefina de León acude acompañada de una sola persona, cuando algo encuentra, las autoridades que no buscan la interrogan con preguntas como quién, cuándo y dónde le dieron la información. Primero no lo hacen y cuando tú lo haces te interrogan.

Sí, acepta hay un nivel de riesgo, pero reitera, como diciéndose a sí misma que carece de prudencia, de todo sentido de cuidado, el cual perdió desde el primer minuto en que sintió que algo no estaba bien, que Cinthya Mabel estaba en peligro.

“No era normal que no hubiera llegado. No me contestó el teléfono siendo que ella no le temía a nada más que a llamadas perdidas mías,  era lo que más terror tenía. Decía, en tono de juego, si no le contesto mi mamá se va a poner loca”.

Al igual que María Josefina de León son mujeres las que principalmente buscan entre fosas a sus hijas, ellas son las que reclaman a las autoridades y asegura que gracias a esas demandas es como “algo ha cambiado”.

Tamaulipas, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, ocupa el primer lugar en México por el número de personas desaparecidas, más de 37 mil entre enero de 2014 y abril de 2018, una de ellas es Cinthya Mabel Pantoja de León.

Josefina de León, su madre, cuenta que en 2012 la crisis de personas desaparecidas y asesinadas en ese estado había rebasado por completo al Estado. Algo ha cambiado desde entonces, pero en aquel año no había todas las herramientas de búsqueda, los policías no estaban capacitados ni sensibilizados, la base de datos era un relajo, no había reactivos de ADN, hicieron y deshicieron con los cadáveres en las fosas comunes, “la contingencia se les aventó encima, cada día se sumaban más muertos, las familias hemos empujado y muchas cosas han mejorado”.

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