Lunes 03 de Agosto de 2020
  

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Opinión: la institucionalidad del Centro de Ciencias de Sinaloa

Opinión: la institucionalidad del Centro de Ciencias de Sinaloa

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Por José Gaxiola López

Al festejar oficialmente los 25 años del CCS anunció su “Modernización”. A esa edad cualquier organización dedicada al conocimiento, una reforma y/o una reestructuración institucional, es obligada. En principio habrían de evaluarse su; racionalidad, normatividad, procesos, estructura y recursos. Igual sería necesario un serio diagnóstico sobre el impacto de sus aportes al capital social y cultural, bajo la mirada y el aval del Poder Legislativo Estatal para dotarlo de una ley orgánica.

El que hayan demolido el edificio original para sepultar quien sabe que ineficiencias con sus premisas constitutivas; de complementar el proceso educativo en las áreas de ciencia y la tecnología; de estimular alternativas de formación en las disciplinas derivadas de las ciencias naturales; en apoyar con servicios didácticos a la comunidad docente; en promover y desarrollar la investigación educativa; en fomentar la difusión del conocimiento; en colaborar en la investigación científica; en promover la innovación tecnológica; en auspiciar en la sociedad la sapiencia y la aplicación de tecnologías para mejorar la calidad de vida, productividad y desarrollo de sus habitantes no hay motivo para que estos propósitos deban ser pulverizados, echados al bote de la basura. No puede aspirarse a un futuro educativo sin su consideración.

El CCS era consecuentemente racional a la problemática social que lo creó; para transformar ciertas cosas del sistema educativo estatal; para enfrentarlas en términos causales y explicativos; para conciliar una necesidad con una solución viable; para establecer nexos entre normas y funcionamientos; para vincular sus recursos académicos-tecnológicos potenciando acciones en su propio ámbito; para fomentar interacciones y encontrar la congruencia entre sus medios y fines. Todo ello definido en su seno y en torno de la ciencia ahí representada.   

Su Consejo Técnico Consultivo, como instrumento de enlace y vinculación con aquellos sectores que impulsen el desarrollo productivo y con organismos que mejoren su funcionamiento, debía ser completamente racional. Estaba constituido por unos 25 miembros, para vigilar y evaluar su marcha como organización de excelencia. Para proponer contenidos museográficos, programas y actividades tendientes a mejorar la formación de los educandos en el nivel de educación básica, en coordinación con las autoridades del sistema educativo. Por su alto nivel de comunicación, de coordinación y de negociacion podía sopesar la capacidad del liderazgo académico, científico o tecnológico de los principales del CCS y, en un futuro nombrarlos. Proponerle áreas de conocimiento y de investigación, programas de intercambio académico y de interacción institucional. Y desde luego definir su identidad, que marcó en las primeras reuniones al establecer misión, propósitos y objetivos, así como la imagen científica del logo sacado por concurso, que cambian por el número 111 de un Salmo de la Biblia.

Además de retroalimentar al centro, debía ser ejemplo de articulación al interior de las capacidades profesionales en fórmulas colegiadas de decisión. Que en un proceso modernizador pondría a prueba su reflexividad para evaluar, cuestionar y dar sentido a sus acciones sobre el estado de cosas del CCS. Habría oportunidad para ampliar y consolidar el proyecto, tomar posición conjunta de lo que en esferas ajenas se disponía. Sí no fue así, puso en entredicho las lógicas del saber del patrimonio intelectual de sus disciplinas, luego su legitimidad y su eficiencia. Intelectuales sinaloenses dicen que la comunidad pensante del centro nunca se manifestó sobre su destrucción. 

Se impone la discusión de la legitimidad, orientada por la institucionalidad, si no, tal modernización es eminentemente regresiva, de significado patrimonial del mercado político, a donde el orden se traslada, guiado por una racionalidad distinta que no depura disfuncionalidades, se circunscribe al alineamiento de intereses y de cooptación que inhibe la participación. La legitimación se entorpece en el momento en que aparece una mediación constituida por burócratas a contracorriente de los cambios y deseos manifiestos, que manipulan estructuras, significados, con discursos legitimadores de posiciones e intereses y redundan en intolerancia, haciendo parciales a las reglas, torciéndolas hacia grupos que buscan legitimidad. Sin importan identidades institucionales causando desencaje interno que puede potencializar conflictos, crear desestabilización institucional, ampliar la brecha institucional de operación donde el esfuerzo y calificación personal no importan.

En la ineficacia del CCS, la Secretaría de Educación y Cultura del Estado tiene su parte, porque lo subordinó política y burocráticamente de manera patrimonialista, en lugar de instaurar una cultura del mérito, donde se mantengan unidos el desempeño, los estímulos y los beneficios laborales. Es corresponsable de sus impactos; académico; científico y tecnológico. Es responsable de la legitimidad del capital intelectual al interior, de los factores que regulan la competencia para acceder al mismo por posesión de saberes; por su práctica disciplinar y, por su valorización en el mundo académico. Su decreto constitutivo establece contratar al personal mediante riguroso examen de idoneidad con las funciones a desempeñar y, para dirigirlo poseer título de licenciatura con maestría o tener 10 años de experencia académica y no por ser hijo de algo y/o nombrarlo fuera de tal normativa, como ha sucedido y ha sido denunciado.

La ineficiencia, propiamente del CCS, ha sido en parte provocada por problemas de escasez (material y directivo), por la distribución interna a modo de sus recursos y por el bloqueo. Contribuyó en ello la legitimidad en torno de los que se definieron directrices, estructuras y funciones. Provocando crisis; en la coordinación y control; en la justificación y en explicación de las decisiones para crecer y reproducirse con estabilidad y empuje. La ineficiencia es corrupción.

La legitimidad reivindica también a la eficacia. En el decreto la legitimidad esta tácitamente implícita, orienta la identidad, el diálogo y el significado. Cuando se segmenta, produce desniveles en el orden y en la estabilidad o, por lo menos amenaza la integración. Sin integración, orientada por potestad jurisdiccional, por los procesos de socialización, no garantiza buenos resultados. El ejercicio directivo legítimo y eficaz, hace más gobernable a una organización, que no genere situaciones contradictorias sobre el saber, el hacer y el reconocer a sus valores internos.

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