Martes 15 de Octubre de 2019
  

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Olvida gobierno del Químico centenario del nacimiento de José Ángel Espinoza Aragón Ferrusquilla

Olvida gobierno del Químico centenario del nacimiento de José Ángel Espinoza Aragón Ferrusquilla

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  • Nació el 2 de octubre de 1919 en Choix, pero adoptó a Mazatlán como su Patria Íntima.-

Por Mario Martini

Mazatlán, 03 de octubre 2019.-Auto proclamado como bohemio de afición y dispuesto a celebrar u organizar fandangos varios a la menor provocación, el Químico Luis Guillermo Benítez Torres y el Instituto de Cultura –responsable directo- olvidaron conmemorar el primer centenario del nacimiento de José Ángel Espinoza Aragón, el querido Ferrusquilla, uno de los mayores cantautores mexicanos y promotor del puerto mazatleco, donde murió el 6 de noviembre de 2015.

Para rendirle un modesto homenaje al artista y cantautor sinaloense, Paralelo 23 recupera este texto que forma parte del libro La Patria Íntima de Marto Martini:

Artista pleno y generoso en toda la extensión de la palabra y ejemplo de persistencia y constancia, abrió camino a golpe de cincel para que muchos otros artistas mexicanos pudieran abrirse paso en el difícil terreno del espectáculo.

Agradecido, relata a la menor provocación el contexto de uno de los regalos que le ha merecido uno de sus mayores agradecimientos. Cuando llegó a la ciudad de México con la mira firme de inscribirse en el Conservatorio Nacional de Música, encontró hospitalidad en la familia de Tirso Rivera Velador, villauniense que emigró a la ciudad de México para que sus hijos Tirso y Olga también estudiaran en el Conservatorio Nacional.

Muchas penas padecería antes de enrolarse de lleno en el ambiente al que dedicaría toda la vida. Después de tocar muchas puertas que no se abrieron, encontró un agujero por el que se coló con astucia natural para enrolarse en un frágil proyecto de la incipiente televisión mexicana: La Banda de Huipanguillo, en el que caracterizaba al indio Chimino, personaje que lo lanzaría de lleno al cine y lo confirmaría en la radio donde había empezado a subir escalones.

Para cumplir con el personaje buscó la ropa adecuada y la encontró en uno de los trajes de charro que usaban en la Orquesta Típica Sebastián Lerdo de Tejada, donde don Tirso Rivera Velador trocada el chelo. Sin muchos trámites, el villauniense le regaló uno de sus trajes sin estrenar y con él corrió José Ángel a la televisora para entrar de lleno al fascinante mundo de la farándula. Fue, como él mismo lo cuenta, uno de los mejores regalos que recibió en aquellos tiempos de sacrificio.

Orfandad temprana

Nació el 2 de octubre de 1919, fecha que también recordaría con sus amigos en cada conmemoración de la matanza de la Plaza de las 3 Culturas que veía incesante en su memoria privilegiada desde su condominio Chihuahua en Tlatelolco. Vio la luz en Choix, al norte del estado de Sinaloa, pero adoptó al puerto de Mazatlán como su patria chica. Sus padres fueron Buenaventura Espinoza y Fredesvinda Aragón, quien murió poco tiempo después dejándolo en temprana orfandad. Por tan intempestivo suceso, parte de su primera infancia la compartió con su abuelo Maximiano que le enseño a mover las manos, los pies y, sobre todo, la boca que le daría una carrera en el mundo del doblaje.

Al morir el abuelo, Buenaventura y sus 4 hijos varones emigraron al municipio de Ahome, al norte del estado. Ahí, el pequeño José Ángel estudió la primaria y trabajó en una tienda de abarrotes.

Con el apoyo moral de su maestro de primaria, Salvador Cárdenas Chavarín, viajó a Mazatlán, donde fue adoptado por doña Nicanor Galindo, originaria de Zapopan, Jalisco, y propietaria de la casa de asistencia Royal, donde el joven se ganaba la vida como mandadero, lo que le permitió convivir con toda suerte de artistas de radio, televisión y carpa que llegaban de paso a la posada.

Conocida su hiperactividad y tosudez para conseguir lo que quería, el Ayuntamiento mazatleco, presidido entonces por Vicente Laveaga, no aguantó tan febril y sistemática insistencia y le otorgó una beca para estudiar en la escuela preparatoria Pro-Cultura Regional de Mazatlán, auspiciada por el Club Rotario.

Al terminar la preparatoria llego a la encrucijada de decidir sobre estudiar medicina, derecho o ingresar al Seminario. Decidió emigrar a la ciudad de México para estudiar medicina, al igual que su compañero de estudios Jesús Kumate Rodríguez.

Anónimo como todos los provincianos que llegan a la gran capital, caminó muchas calles, recorrió templos, parques y trabajó de mesero en el comedor universitario. En esos tiempos empezaba el auge de la época de oro de la radio y el cine y ya empezaba a emerger el gran imperio que sería la televisión.

Atento a cualquier oportunidad desde su posición de mandadero de artistas y empleados de la emisora XEQ, en 1938 supo que la radiodifusora estaba contratando personal y tuvo la suerte de ser uno de los elegidos. Decidido a hacer carrera en este medio, tramitó y obtuvo la licencia de locutor número 27 que siempre mostró como orgullosa reliquia.

Uno de sus primeros trabajos radiofónicos fue en el programa “Fifirafas el valeroso”, debutando al lado de la guapa Blanca Estela Pavón e interpretando al Capitán Ferrusquilla, mote que adoptó desde ese momento. Más tarde se dedicó a la actuación y al doblaje de películas para la Metro Goldwin Meyer en Nueva York. Ahí, sus jefes lo recomendaron para actuar en películas de Hollywood, donde compartió honores con estrellas enormes de la actuación.

A partir de entonces participó en diversas manifestaciones artísticas, abriéndose paso en la pantalla chica con el programa “La banda de Huipanguillo”, tuvo una destacada participación en radionovelas en las que hizo sonidos y doblaje de voz, por lo que en el medio artístico se le conoció como “El Hombre de las Mil Voces”, por la facilidad para imitar, doblar y reproducir sonidos.
Participó en programas de gran éxito como “Así es mi tierra”, “Noches Tapatías”, “Revista Musical”, en los que participaron artistas como Lola Beltrán, Tito Guízar, María de Lourdes, Lucha Villa, José Alfredo Jiménez, María Victoria, La Tariácuri, Elvira Quintana, entre otros.

“Ferrus”, como cariñosamente se le conoce, también prestó su voz a varios personajes de Walt Disney, entre ellos al señor Smee de Peter Pan.

Paralelamente a su trabajo para sobrevivir, estudió en el Conservatorio Nacional de Música y tuvo la suerte de recibir enseñanzas de grandes maestros como Manuel M. Ponce, Silvestre Revueltas y Jerónimo Baqueiro.

El tiempo que te quede libre…

La primera canción que escribió fue “A los amigos que yo tengo”, grabada por su paisano Pedro Infante; posteriormente, Lola Beltrán le pidió una canción y le compuso “La pena mía”, otro gran éxito.  Vinieron después “Échame a mí la culpa”, “La Ley del Monte”, “María Pistolas”, “Canción mexicana de paz”, “Cariño Nuevo” y “El Tiempo que te quede libre”, entre muchas otras que hoy son parte del repertorio básico de la música mexicana.

Sobre esta última canción, el artista relata que la inspiración surgió precisamente en el Barrio de Olas Altas del puerto mazatleco, a donde había llegado con una guapa jovencita con la que compartió créditos en la cinta El Tunco Maclovio, filmada en escenarios de Durango. De bastante menos edad que él, la belleza juvenil fue la atracción de jóvenes mazatlecos que la veneraban al límite de la idolatría en la playa mazatleca, en tanto el curtido actor, celoso e impotente para competir con aquella explosión de hormonas, los miraba desde las alturas del malecón. Entre esa convulsión de sentimientos, dio forma y fin a una de las canciones más bellas de los últimos tiempos:


El tiempo que te quede libre
Si te es posible dedícalo a mí
A cambio de mi vida entera
O lo que me queda y que te ofrezco yo

Atiende preferentemente
A toda esa gente que te pide amor
Pero el tiempo que te quede libre
Si te es posible dedícalo a mí
..

Sus intérpretes fueron y son verdaderas figuras internacionales como María Dolores Pradera, Lola Beltrán, Pedro Infante, Vicente Fernández, Lola Flores, Trío Los Panchos, Vicky Carr, Amalia Mendoza La Tariácuri, Marco Antonio Muñiz, Ray Conif, Lucho Gatica, Lupita D’alessio, Lucha Villa, María de Lourdes, el divo de Linares Raphael, Miguel Aceves Mejía, Albert Hammond y Nelson Ned, entre otros. Sus canciones se tradujeron a 5 idiomas en igual número de continentes.

Participó en más de 100 películas, infinidad de telenovelas y series de televisión con las grandes estrellas de la cinematografía mundial. Ha filmado en México, Estados Unidos, Francia, España y Alemania, al lado de figuras como Brian Keith, Dean Martín, Zachary Scot, Peter Ustinov, Elizabeth Taylor, Robert Mitchum, Richard Burton, Shirley MacLaine, Jeanne Moreau, Clint Eastwood, Marisol, Libertad Lamarque, Boris Karloff, Fernando Rey, Emilio Tuero, Rosita Quintana, Arturo de Córdova, Jorge Negrete, Lucha Villa, Ignacio López Tarso, María Félix, Pedro Infante y muchos más.

Dobló actores de la talla de Mickey Rooney en “Fuegos de Juventud”. Participó en numerosas películas mexicanas, tres de ellas basadas en la vida del sinaloense Heraclio Bernal.

Fue miembro honorario de la Asociación Nacional de Actores, organismo sindical del que fue socio activo y dirigente durante más de 12 años al lado de Jorge Negrete y Rodolfo Landa (recibió la credencial 526 de la ANDA de manos de Mario Moreno Cantinflas). Precisamente cuando desempeñaba un cargo en el comité ejecutivo de la asociación se enteró de la muerte de Blanca Estela Pavón Vasconcelos, la querida “chorreada” de Pedro Infante, y a quien él se había comprometido a acompañar en el vuelo fatal. Compromisos sindicales de último momento impidieron que la acompañara y su boleto lo cedió al padre de la artista de la que estaba profundamente enamorado. El avión que volaba de Oaxaca a la ciudad de México cayó en el “Pico de los Frailes” en el Popocatepetl, donde encontraron sin vida los cuerpos de la actriz y su padre. El destino y el sindicalismo le salvaron la vida.

Con el actor Víctor Parra fundó el Instituto Andrés Soler, de donde han egresado más de 400 figuras de la escena, como Maricruz Olivier, Lucía Méndez, etc. Junto a Rodolfo Echeverría (Rodolfo de Anda, su nombre artístico), hermano del presidente Luis Echeverría Álvarez, dio forma a la Asociación Nacional de Intérpretes, organismo que se encarga de cobrar y entregar a sus socios las regalías de su obra intelectual. Fue directivo fundador con la credencial número 6 y dirigente también de la Sociedad de Autores y Compositores por un período de 6 años, lapso en el que construyó tres grandes estudios de grabación, entre ellos el más grande de Latinoamérica y 4 salas cinematográficas.

Recibió toda suerte de homenajes y distinciones. En 1976 la Organización de las Naciones Unidas le entregó la Medalla de la Paz. El Consejo Directivo de la SACM, integrado por Roberto Cantoral, Armando Manzanero y Martín Urierta, entre otros, le entregó una medalla de oro en la que le manifiestan su aprecio y reconocimiento.

Por unanimidad, el Club Rotario de Mazatlán lo nombró Socio de Honor, lo mismo que el Club 30-60-90. Una calle y un andador llevan su nombre en el puerto mazatleco; el teatro principal de Los Mochis y la casa de la Cultura de Choix también le rindieron homenaje en vida.

Sus dos hijas, Angélica y Vindia, y sus tres nietas son hoy el universo que comparte en viajes frecuentes entre Mazatlán y la ciudad de México para mantenerse vigente como uno de los artistas más completos de nuestra historia, pues lo mismo destacó en la radio, su “alma mater”, el cine, la televisión y la música.

En un pequeño restaurante de mariscos, en la calle de Uruguay en el Distrito Federal, donde era recibido con honores por el dueño y los meseros que lo consideran parte del inventario, despacha sin pausas una botellita de vino rojo, mariscos varios y postres suculentos para luego -erguido a sus más de 80 años- salir con sombrero de paja a la jungla de asfalto y abordar un camión repleto de chilangos que lo llevaría de regreso a su remanso citadino en las inmediaciones del jardín de Santiago Tlatelolco, escenario trágico de la lucha estudiantil de 1968.

Ya en el tercer tiempo de la vida fue miembro de El Colegio de Sinaloa, donde realizaba diversas actividades de promoción del arte y la cultura del estado, entre las que destaca el festival musical anual “Convivencia Musical” en el que se impulsa a nuevos talentos sinaloenses.

Un par de años antes de morir, me dedicó su libro Échame a mí la Culpa que resume en una frase su cercanía con mi familia: “A Mario, quien tuvo la suerte de encontrar a un padre mejor que yo…” 

(Semblanza incluida en el libro La Patria Íntima de Mario Martini)


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